FIN DEL JUEGO

Dicen que cuando algo se rompe ya no hay forma de que vuelva a ser como antes, y dicen bien. Soy de ese tipo de personas que no cree en las segundas partes, pero aún así lo intentan, aún sabiendo que va a doler por partida doble. Soy de esas personas que, cuando mientes una vez, no vuelven a creerte nunca. Por mucho que intente olvidarlo, algo dentro de mi me lo impide y me esfuerzo en confiar y en fingir que no pasa nada. Pero pasa, pasa todo, pasa que si me has traicionado una vez, ya nada volverá a ser como antes, y estaré esperando la próxima vez que decidas hacerme daño. Pasa, que a la mínima pensaré que estás mintiendo, y volverán las dudas, y tal vez es cierto eso de que te arrepentiste y no volverás a cagarla, pero si me decepcionaste una vez, ya nunca seremos los de antes. Podemos volver a intentarlo y pensar que todo va a salir bien, pero ya nunca seré la que confiaba ciegamente en ti, nunca. Porque cuando rompes la confianza de otra persona, lo estás rompiendo todo. Recuerdo la primera vez que me hiciste daño… Aún sigo sin entender cómo fuiste tan imbécil para hacerle daño a alguien que estaba dispuesta a darlo todo por ti. Pero lo hiciste y de la peor forma. Tal vez el error vino aquí, al perdonarte sin darme tiempo a olvidar aquello. Y si, estábamos bien, pero era yo, que cuando llegaba a casa no podía dormir, pensando que volverías a cagarla tarde o temprano, era yo la que se estaba consumiendo poco a poco. Tal vez cuando estaba contigo es cierto que todo estaba perfecto. Pero luego, cuando estaba conmigo misma, cuando venían las peleas entre la cabeza y el corazón… Cuando una parte de mi me estaba diciendo que una despedida a tiempo era una victoria, pero otra se quería quedar para siempre, y claro, volví a sentir las balas de su indiferencia contra mi y esta vez con más fuerza que la primera. Volví a sentir que no era nada para ti, que era sólo la última carta de la baraja, la que estaba porque soportaba tus tonterías. La que dejarías tirada si otra imbécil soportara tus cambios de humor. ¡Y qué jodido es esto de sentirse reeplazable! Fue ahí cuando debí irme, pero era tarde. Estaba demasiado enganchada para dejar esta droga y era justo eso, droga. Como quien piensa que le está dando la vida, y en realidad le está matando. Puta adicción a ti, al dolor que provocabas… Fue justo eso, me hice adicta al dolor, a la tristeza, a ver cómo me estaban pisando y quedarme quieta, sin hacer nada, a tu indiferencia, a tu forma de hacerme sentir que si no estaba contigo no era absolutamente nada. Si hay algo positivo de todo esto, es que aprendí que si me haces daño una vez, es tu culpa, pero si lo haces dos es mía. Y no, no volveré a hacerme daño y menos contigo. La próxima vez que alguien me rompa que sea al menos alguien que merezca la pena, que tú empiezas a darla y ya está al fin de tu juego. Es cierto que yo te he perdido a ti, a alguien que no supo quererme, pero tú has perdido a quien te quiso como no te va a volver a querer nadie. No hace falta que te diga quién gana la partida

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