Un juzgado obliga a Rojadirecta a dejar de emitir partidos de fútbol en directo o diferido

Estima la demanda de Mediapro ya que sostiene que se vulneraron “derechos de propiedad intelectual”

Bloquean las cuentas del administrador de Rojadirecta tras detectar 11 millones de euros

 

El Juzgado de lo Mercantil número 2 de La Coruña ha estimado la demanda presentada por Mediapro contra la entidad Puerto 80 Projects, administradora de la web Rojadirecta.

En su fallo, la juez ha declarado que los demandados han violado derechos de propiedad intelectual y los ha condenado “a cesar inmediatamente en la facilitación de enlaces o links de Internet, de cualquier tipo, que den acceso al visionado en directo o en modo ligeramente diferido de partidos de fútbol producidos o emitidos por cualquiera de las demandantes ya sea en la actual o en futuras temporadas”.

Según el contenido de la sentencia, hecha pública por el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG), esta prohibición la hace extensiva tanto a la web Rojadirecta “como a cualquier otra página web que los demandados pudieran utilizar en iguales términos, o que redireccione a la misma”.

También le ha condenado a cesar, en general, “en cualquier otro uso ilícito de los contenidos cuya explotación exclusiva corresponda a los demandantes”, ha añadido sobre la demanda de GOL TV y Mediapro, propietario de la primera.

Obligados a indemnizar

La sentencia declara, además, que la conducta de los demandados ha causado daños a los demandantes y, en consecuencia, que están solidariamente obligados a indemnizar aunque se deja la determinación de esos daños para un proceso posterior.

La resolución no es firme y contra ella cabe recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de A Coruña. En el juicio, la productora Mediapro ha rechazado que Rojadirecta actuase como “intermediaria” en la difusión de eventos deportivos a través de la web de la que era administradora Puerto80 Projects.

Frente a los argumentos de las defensas en representación de Puerto80Projects y su propietario, Igor Seoane, negando cualquier responsabilidad, el abogado de Mediapro sostuvo que se infringieron, entre otros, los derechos afines a la propiedad intelectual, tesis asumida por la juez en su fallo.

En él, obliga también a la administradora de Rojadirecta a publicar el fallo judicial en su web, así como en sendos periódicos de tirada nacional.

CINE

Estreno

 

Fernando Trueba:”Quien ataca al cine español ataca a su país”

El cineasta madrileño estrena ‘La reina de España’, la secuela 18 años después de ‘La niña de tus ojos’, vuelve a la comedia y reivindica el poder catártico del género.

  • LUIS MARTÍNEZ
  • Madrid

Como en un espejo. Así define Fernando Trueba (Madrid, 1951) la extraña y casi mesmérica relación que une su trabajo de 1998 con el que se estrena este viernes. Entre uno y otro median 18 años; los mismos que separan los hechos ocurridos en La niña de tus ojos‘ cuando Macarena Granada ( Penélope Cruz) y su troupe‘ se fueron a Alemania en 1938, y La reina de España, cuando la estrella regresa desde América de Eisenhower a la España de Franco en 1956. “Lo que hizo este proyecto realidad fueron las ganas de volver a trabajar con esos actores y sus personajes. Era un poco como reunir el espíritu de los Blues Brothers. ‘Venga vamos a juntar a la banda otra vez’, me decía. Ésa era la actitud. En realidad, me dije lo mismo que los ladrones de bancos: vamos a sincronizar los relojes”, dice el director, se toma un segundo y añade: “Eso y las ganas de volver a hacer comedia”. Y aquí, sin duda, la clave de todo.

En efecto, ese mismo lapso de tiempo del que habla Trueba es el que él se ha tomado para volver al género en el que, al fin y al cabo, nació. En el más estricto sentido del término. Recuérdese, ‘Opera prima‘, su opera prima, data de 1980 y — el juego de palabras le delata– no es sólo comedia sino la fundadora de la llamada Comedia madrileña. ‘Recomedia‘, por tanto. “Es curioso porque la primera parte de mi carrera son todo comedias y luego nada. He hecho 16 películas y la mitad son ese género. Sin embargo, no tengo claro por qué, el caso es que desaparecieron. Te haces mayor, la vida te va dando de hostias… No sé. Es raro”, comenta tan meditabundo como semejante reflexión merece.

-¿No es acaso ahora, con la crisis y sus enfermedades, un mal momento para reírse?

-Al revés, es el mejor. La necesitamos como el agua. La comedia se puede hacer en la peor de las situaciones y es ahí cuando mejor funciona. To be or not to be, una de mis películas favoritas, es alta comedia, pero ambientada en una Varsovia destruida hasta las ruinas. A foreign affair, de Billy Wilder, sucede con Alemania completamente arrasada tras la guerra… Y, sin embargo, en los dos casos, gracias a la comedia se ve el rostro humano. La comedia puede con todo. La comedia es la fuerza redentora; es lo que salva al ser humano. Siempre digo que Groucho era un tipo que en lugar más fúnebre que puedas imaginar contaba un chiste y lo reventaba. Se trata de poner una bomba que no mata a nadie, que hace a todo el mundo estallar en carcajadas.

Toda la película se alimenta de este hambre de redención, de estas ganas de capturar la esencia del cine a través del propio cine. No es tanto nostalgia, o simple malabarismo metalingüístico, como otra cosa. No necesariamente más grave, ni más seria. Al revés. “Lo que más me seduce”, sigue, “es poder llevar al espectador en una especie de viaje en el tiempo. Transportarle al lugar y al momento en el que el cine se hacía de otro modo en otro tiempo. De alguna manera, se trata de recuperar para el cine la virtud de la magia. Antes que un director de cine, prefiero incluso considerarme un mago. Todo no es más que un truco confeccionado con la imaginación”.

Por lo demás, la película llega, y Trueba es consciente, cuando aún resuena la polémica, entre trágica y cómica, del festival de San Sebastián del año pasado. Allí, en la entrega del Premio Nacional de Cinematografía, el director bromeó sobre la patria del cine, así en general, y por el camino dejó uno de esos entrecomillados que explotan: “No me siento español”. “Qué puedo decir. Ya lo expliqué. “No voy a criticar la falta de sentido del humor. Se nace o no con ello. No puedes despreciar a nadie por no tener humor. Lo siento por ellos”, dice.

– ¿Siente que hay una animadversión especial hacia el cine español?

-Lo único que puedo decir es que lo que lo han atacado, deberían pensar que están haciendo un daño a su país. Y luego deberían pensar que ellos pasan y el cine no. Estarán en una residencia (si han sido malos además sin visitas), pero se seguirán haciendo películas.

Y ahí lo deja.

-¿Cree que la polémica perjudicará a la película?

-Quiero creer que no. La película está hecha para que la gente disfrute, pero el cine tiene una ventaja y es que no es obligatorio. Por lo demás, soy consciente de que se paga un precio por ser como eres. A veces pienso: “¿Qué habría hecho toda esta gente a Buñuel después de El perro andaluz o Viridiana?”. Si me están haciendo esto a mí que, al fin y al cabo, soy bastante majete…

Y ahí lo vuelve a dejar. Y lo deja 18 años después y, a juzgar por la refriega, en la misma España de siempre. Como en un espejo, sin duda.

IMPUESTOS

Modifica Sociedades, y encarece un 5% el alcohol y un 2,5% las cajetillas de tabaco, y crea un impuesto a los refrescos

El Gobierno elevará los “ingresos tributarios” en 7.500 millones

El Gobierno da luz verde a las nuevas medidas fiscales EFE (Vídeo)

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El Consejo de Ministros ha aprobado hoy un paquete de medidas fiscales que se van a traducir en un aumento de 7.500 millones en los ingresos tributarios. Así lo ha anunciado el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Minsitros en la que también ha detallado qué impuestos y en qué medida lo harán.

De esta manera, ha explicado que se eleva un 5% el impuesto que grava las bebidas alcohólicas intermedias (vinos de Jerez, vinos de Oporto y mistelas) y las espirituosas (ron, whisky, ginebra o brandy, entre otras), mientras que el vino y la cereza no sufren ningún tipo de modificación. Por su parte, el impuesto sobre los cigarrillos aumentará un un 2,5% y el de la picadura de tabaco un 6,8%. Estas tres alzas impositivas tendrán una aplicación inmediata y la recaudación esperada es de unos 350 millones euros, cantidad que evidentemente está muy alejada de los señalados 7.500 millones.

El gran gran responsable de acercar la recaudación a esa cifra, tal y como Montoro ha apuntado, será el Impuesto de Sociedades. Según sus cálculos, el nuevo endurecimiento este impuestos, que en este caso llegará en forma de una fiscalidad más elevada, reportará 4.300 millones a las arcas del Estado. Esta cifra se sumar a lo ya ingresado durante este año mediante el adelanto del pago fraccionado, que ha provocado un aumento del 12% en la recaudación por este gravamen.

Asimismo, Montoro ha dado a conocer la creación de un nuevo impuesto a las bebidas carbonatadas, esto es, a los refrescos. Gracias a esta nueva figura el Estado recaudará 200 millones de euros y el ministro lo ha justificado como una medida para “luchar contra la obesidad”.

Techo de gasto

Por otra parte, el también responsable de la cartera de Función Pública ha asegurado que el Consejo de Ministros ha fijado un techo de gasto de 118.337 millones de euros. Esta cantidad es exactamente la misma cifra que lo finalmente ejecutado este año, y 5.000 millones menos que lo previsto al inicio de año.

Los mayores miedos que tenemos según el signo del zodiaco

 

 

Estos son los miedos que los signos tienen según el horóscopo

El horóscopo te ayuda a saber cuáles son los miedos que suelen tener los diferentes signos del zodiaco. Así, podrás reflexionar sobre lo que te rodea, pero también te servirá para saber cómo ayudar a los de tu alrededor según el signo al que pertenezcan.

Los Aries. Este signo del zodiaco siempre aspira a la perfección en todos los aspectos de su vida. Son cabezotas y se lo curran mucho para alcanzar sus objetivos. Trabajan mucho y no les cuesta hacer esfuerzos para conseguir lo que quieren, por ello, los Aries suelen tener miedo al fracaso.

Los Tauro. Si hay un signo que es más feliz teniendo estabilidad en su vida es un Tauro. A este signo le gusta llegar a sus objetivos y mantenerse en ellos. Por ese motivo, teme los cambios, ya que podrían poner en peligro esa tranquilidad vital a la que aspiran.

Los Géminis. Aunque intenten ocultarlo, a los Géminis les cuesta mucho tomar decisiones. Siempre dudan mucho y tienen miedo de las repercusiones que podrían tener. Por ello, se puede decir que este signo de aire teme enfrentarse al futuro.

Los Cáncer. Muchas de las personas que se identifican con este signo del zodiaco son sensibles y algo débiles. Cuando les critican, se lo llevan al terreno de lo personal, incluso si tan solo se refiere al trabajo desempeñado. Ante los comentarios, se sienten muy atacados.

Los Leo. Uno de los principales miedos de los Leo es perder la independencia. Este signo necesita su espacio tanto físico como mental para dedicárselo a él mismo. Sabe que va a agobiarse mucho si acaban con su autonomía.

Los miedo de cada signo del zodiaco

Los Virgo. Este signo es muy suyo y no hay cosa a la que tenga más miedo que a que le hieran. Siempre van de duros, pero son muy sentimentales por lo que no dejarán ver el daño que le han hecho hasta que esté completamente saturado por la situación.

Los Libra. A este signo del zodiaco les da mucho miedo saber que pueden no contar con la aprobación de todo el mundo. Son de los que quieren caer bien a todos, y eso les suele causar algunos bajones.

Los Escorpio. A veces los Escorpio pueden llegar a ser muy inseguros, pero tienden a culpar a agentes externos de esta forma de reaccionar. Ante el miedo de que no comprendan su forma de ser o de pensar, prefieren encerrarse en sí mismos.

Los Sagitario. Este signo siempre va de duro y de chulito. Es su estrategia para evitar mostrar cualquier debilidad. Tiene miedo a mostrar sus sentimientos por si los utilizan como punto flaco para atacarle.

Los Capricornio. Este signo de tierra también suele temer confesar lo que siente, pero lo que más miedo le da es enamorarse. No quiere entregarse tanto a una persona porque siente que pierde el control de la situación, lo que no le hace sentirse cómodo.

Los Acuario. Tienen miedo a no sentirse bien, a la enfermedad y a la debilidad. Suelen ser de ese tipo de personas que exageran mucho todos los dolores. Son de los que prefieren ser precavidos e ir al médico para que les vean antes de que sea tarde.

Los Piscis. Este signo teme la soledad. Puede que por esa inseguridad que caracteriza a algunos de este signo del zodiaco, les da mucho miedo verse solos cuando necesitan el apoyo de alguien. Les gusta saber que están respaldados.

Infinitos bailes
Melódica
25/11/2016

 

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1.Aunque a veces duela – 4:20
2.Infinitos bailes – 3:58
3.Carrusel – 5:04
4.Cada septiembre – 4:09
5.La carta – 3:33
6.Igual (Loco por cantar) – 3:46
7.La duda desnuda – 4:05
8.Por ser tú – 4:09
9.Semilla o flor – 2:57
10.En pie – 3:27
11.Negro – 3:57
12.La última ovación – 4:01
13.Del principio hasta el fin – 3:44
14.Una vida – 4:08

 

 

Infinitos bailes es un álbum de Raphael. Una colección para la que cuenta con composiciones de jóvenes (más o menos) artistas españoles: Enrique Bunbury, Manuel Carrasco, Vega, Vanesa Martín, Iván Ferreiro, Pablo López, Dani Martín, Diego Cantero, Mikel Izal, Jorge Marazu, Virginia Maestro, Rozalén, y Paco Cifuentes; además de la americana Paty Cantú.

Un disco producido una vez más por Paco Salazar.

Como primer avance la canción que aporta el título a la obra, una composición de Mikel Izal. El primer single es Aunque a veces duela, de Dani Martín. También como sencillos promocionales: La duda desnuda de Bunbury, y Del principio hasta el fin de Paty Cantú.

Presentación en concierto el 22 de noviembre de 2016 en la Sala Joy Eslava de Madrid.

Hamilton hace todo lo que puede en Abu Dabi

El británico logra la pole por delante de Rosberg, con quien este domingo se juega el Mundial

 

Hamilton, tras lograr la pole en Abu Dabi.
Hamilton, tras lograr la pole en Abu Dabi. AHMED JADALLAH REUTERS

Lewis Hamilton aprieta lo que puede para evitar el alirón de Nico Rosberg, que en Abu Dabi lo tiene todo de cara para convertirse en el 33º campeón de la historia de la Fórmula 1. El británico no tiene ninguna intención de despejarle el camino a su compañero de equipo, con quien lleva días manteniendo un sutil toma y daca psicológico, con la única intención de que al líder del certamen le entre el tembleque.

La resolución de este Mundial entre sus dos únicos aspirantes contempla más de 500 posibles combinaciones

El plan no ha surtido efecto hasta el momento y al alemán se le ve más tranquilo que nunca, seguramente consciente del altísimo porcentaje de probabilidades (90%) que tiene de salir coronado esta tarde. Para lograr su objetivo solo deberá encontrar la forma de subirse al cajón, una tarea a priori sencilla para él, que lo ha conseguido en 15 de las 20 pruebas celebradas hasta la fecha y en las últimas ocho. Más aún si tenemos en cuenta que viaja en un Mercedes, posiblemente el monoplaza más dominante de la especialidad.

Rosberg y Hamilton se lo juegan todo a cara o cruz en un solo asalto, el último de una temporada trenzada a base de rachas, ahora golpeas tu y te llevas tres triunfos del tirón y ahora me toca a mí, que apunto cuatro de carrerilla. Han transcurrido 20 grandes premios y los dos llegan a la última parada del calendario separados por solo 12 puntos, empatados a victorias (nueve por cabeza) y con un podio más para el perseguidor, que tomará la salida (14.00, Movistar Fórmula 1) desde la pole por cuarta carrera consecutiva (lleva 12). En su cabeza solo habrá un objetivo, el de mantener esa primera posición hasta cruzar la meta algo menos de dos horas después. A su lado formará su vecino de taller, en una primera fila que escenifica de forma inmejorable el pulso que han mantenido durante nueve meses los dos corredores de la marca de la estrella.

Será llamativo ver cómo se maneja Rosberg en un escenario completamente nuevo para él. La de hoy será una jornada en la que hará historia en cualquier caso, bien sea para romper los esquemas de la mayoría, que le veían incapaz de doblegar a su colega ni en 1.500 años, o para quedar retratado para siempre, como el primer individuo que pierde el Mundial tras haber ganado las cuatro primeras citas. Dice el tópico que las estadísticas están para romperlas, y hoy se romperá al menos una: el que salga derrotado será el subcampeón más fructífero de siempre, circunstancia que avala la tremenda competitividad de ambos contendientes.

“Me siento bien, lleno de energía positiva. Yo ya sé qué se siente al perder un campeonato que tienes muy bien encarado, porque me pasó en 2007 [se lo llevó Kimi Raikkonen]. Lo tengo todo para ganar la carrera. Lo he dado todo y me siento orgulloso de ello”, convino Hamilton. “Voy a ir a por la victoria, pero no pienso en hipótesis. Me lo pongo fácil. Vamos a esperar a ver qué ocurre y luego podremos hablar de todo ello”, comentó Rosberg. “Será como un domingo cualquiera pero con mi esposa, cosa que me hace muy feliz”, añadió el de Wiesbaden.

A la refriega que puedan mantener los dos principales protagonistas habrá que ver si se suman los Red Bull, siempre listos para apuntarse a un bombardeo. Una vez más, la escudería energética se sacó de la chistera una variante estratégica distinta a la del resto, un golpe de cintura en la segunda ronda eliminatoria (Q2) que puede meter a sus chicos en la gresca más decisiva, sobre todo en las últimas vueltas. Daniel Ricciardo (tercero) y Max Verstappen (cuarto) tienen manos y músculo suficientes para inmiscuirse en el duelo más esperado del año y ejercer de jueces de un campeonato que les echa de menos, como ocurre con muchos otros. A Ferrari, por ejemplo, perdida como ha estado la Scuderia durante todo el curso, o a Fernando Alonso, que arrancará el noveno después de una última criba (Q3) muy bien planteada y mejor ejecutada.

Pegados al móvil: así es la vida de tu hijo adolescente

Guillem Sartorio

Vive enganchada a su móvil, quiere estudiar teatro en Broadway y la apodan ‘la agitadora’ por su alergia a las injusticias en el colegio.

Es Olivia, una chica de la ‘generación Z’, la primera que ha crecido conectada permanentemente a internet. Así son los nuevos adolescentes.

Olivia saca un papel del bolsillo trasero de su short, lo despliega y lee en voz alta: «Uno. Si tu rendimiento escolar disminuye o se estanca, el móvil te será requisado hasta que yo decida». Tiene 13 años y hace cola en una tienda de telefonía junto a su madre, Bárbara, que es quien ha escrito el contrato y quien en pocos minutos pasará por caja. «Siete. La noche es para dormir y el día es para hacer muchas cosas más que jugar con el teléfono… Mamá, yo no juego, pero bueno».

Olivia está a punto de unirse a un iPhone 6s de color «oro rosa». Hace rato que camina de puntillas por el local, ansiosa y solemne como una novia que ha pronunciado sus votos con la esperanza de que su vida vaya a mejor. Sólo que Olivia ya sabe lo que le espera: un objeto inteligente, pulido y veloz, que multiplicará su existencia. Seguro.

Durante los últimos tres meses, esta adolescente de Barcelona ha vivido con un móvil que no detectaba su dedo. No ha podido utilizar sus aplicaciones, se ha visto obligada a llamar a sus amigas con el teléfono fijo e incluso ha tenido que entretenerse con la cuenta de Facebook de su abuela, y eso sin entender «para qué sirve Facebook». Olivia se ha aburrido y se ha sentido aislada. Puede que haya sufrido algún tipo de alienación.

Sería lógico. La llamada Generación Z no sólo ha crecido habituada a las pantallas, sino conectada permanentemente a internet. Nacidos entre 1994 y 2010, fueron los primeros bebés en aparecer en las redes sociales de sus padres y aprendieron a interactuar con otros en el plano físico y en el virtual de forma casi simultánea. Hay estudios que afirman que los niños Zaprenden a manejar tabletas antes que hablar. Para ellos, los datos son parte de su alimento y la realidad online es realidad a secas.

Olivia se estira los shorts «para no parecer una choni» y sale a la calle metiendo prisa. Quiere llegar cuanto antes a la librería de su madre y ponerse a configurar su nuevo móvil, que no es exactamente nuevo, sino un kilómetro cero mucho más asequible: «Lo más importante que me bajaré es WhatsApp, Instagram y Snapchat». Nada más entrar por la puerta, exige la clave del wifi como si fuera la caja registradora: «¡Ahora, rápido!». Bárbara le sigue la corriente y se agacha tras el mostrador.

Rodeada de libros, Olivia activa el móvil sin rituales: apenas lo examina porque ya sabe cómo es. Se trata del tercer iPhone que pasa por sus manos, pero el primer móvil que no hereda. «¡Tengo 4G! La puta ama».

Según un estudio de The Center for Generational Kinetics, los miembros de la generación Zconsideran que a los 13 años todo el mundo debería tener un móvil. Olivia empezó a los 10 y asegura que la lectura «ya no le llama tanto» como cuando era pequeña.

Su madre, filóloga, lo interpreta como algo propio de su edad: «Es más fácil ver las opiniones de un youtuber que leer un libro, pero para que lea cierta literatura juvenil horrenda, casi prefiero que no lea». Bárbara no cree que su hija esté enganchada al móvil: «Cuando tenemos que hablar lo deja a un lado sin que eso le produzca ningún síndrome de abstinencia».

«¡Me reclaman un selfi!». El momento ha llegado. Los amigos de Olivia le están dando la bienvenida en masa por Whatsapp después de tres meses de desconexión. Los ha visto esta misma mañana en el colegio, pero ahora le hablan desde otro lugar, un patio donde nunca hay padres ni profes. Por su cara iluminada por la luz LED, resulta evidente que Olivia está notando un abrazo en forma de cascada de emoticonos.

Los “niños Z” aprender a utilizar tabletas antes que a hablar. La realidad “online” es realidad a secas

Reportaje fotográfico por Guillem Sartorio

«Toda mi clase tiene móvil. Ahora mismo no podría vivir sin él. Primero por seguridad, y luego porque si no tienes redes sociales no eres del círculo y te sientes muy apartado». Bárbara la observa y piensa en voz alta: «Hay días en que le digo que apague el móvil de una vez. ¿Será verdad que esto está bien? Éste es su medio natural, sólo intento no juzgar a mi hija».

Muchos adultos piensan que Olivia y sus amigos son sólo críos enganchados a sus smartphones, trágicamente aislados de la realidad. Sin embargo para los expertos en comportamiento humano suponen el mayor misterio al que se han enfrentado en años. La tecnología que ha conseguido meter el mundo en el bolsillo de unos shorts supondrá un punto de inflexión en nuestra sociedad, pero de lo que viene después, ni idea. Los estudios no sólo contradicen muchos de los prejuicios que generan estos «jóvenes de hoy en día», sino que dibujan a la generación más inclasificable.

Más que jóvenes contradictorios, los Z escapan a nuestras herramientas de comprensión. Por algo son la última generación del abecedario.

A sus 13 años, Olivia genera efectos ópticos tan discordantes como los filtros de Instagram. Por ejemplo, si deja la mochila en el suelo del tranvía, parece 10 años mayor. Es de las más altas de su clase y su mirada ligeramente fatigada le otorga madurez, como si ya estuviera un poco aburrida del mundo o del colegio, de donde acaba de salir. El efecto dura hasta que empieza a hacerse fotos abriendo las fosas nasales en medio del vagón. «Mis amigas me preguntaban por qué no hacía snaps, y yo ¡aaarghh! ¡No tengo Snapchat! Ahora, ¿ves qué moni? ¡Soy un conejito!».

Una imagina que llevar un móvil nuevo a clase es un acontecimiento social equiparable a lo que no hace tanto suponía estrenar unas zapatillas de marca. Pues no. «Cuando me han visto con el móvil nuevo me han dicho: ‘¡Qué mimada!’». Lo dice con una leve sonrisa de satisfacción que al instante se transforma en enfado: «Es mi primer móvil nuevo y a mí no me dejan usarlo todo el día. Voy a una escuela donde hay mucho pijo». Al bajar del tranvía en dirección a casa, Olivia inicia un sorprendente descenso hacia la «puta vida», como ella la llama.

«Una vez una niña de mi clase dijo -pone voz de pija-: ‘Tía, estoy súper deprimida porque la agenda que me gustaba se ha agotado’. Y yo: ‘Bueno, no es para tanto’. Y ella: ‘Para mí es el fin del mundo’. Yo me harté y le dije: ‘¿Te gustaría no tener casa? Porque yo no tengo’. La tía se quedó en estado de shock».

La vida familiar de Olivia también responde a una compleja configuración personalizada. Sus padres se separaron cuando era un bebé y ahora cambia de casa cada semana; también cambia de ambiente y de hermana pequeña. Además, hace año y medio, su madre tuvo que dejar su casa: «Mi madre lloró mucho cuando cortó con su última pareja. Yo me quedé en shock cuando me dijo que no podíamos pagar el alquiler y que tendríamos que venir a vivir con los abuelos. También lloré, pero le dije: ‘Te ayudaré en todo, ¿vale, mami?’».

Uno de los mayores errores a la hora de juzgar a esta generación es el de creer que nada les importa y que no saben en qué mundo viven, cuando en realidad son más realistas que sus predecesores, los millennials (nacidos de principios de los 80 a mediados de los 90). La explicación que dan quienes les han estudiado es sencilla: altos índices de paro, cambio climático, migraciones masivas, terrorismo internacional… Olivia no se ha topado con la crisis, sino que ha crecido con ellas, en plural. Además actúa ante lo que cree injusto, por eso la llaman «la agitadora» en el colegio. «Si alguien se burla de quien no tiene dinero, le digo que si estuviera en su piel estaría destrozado. Me encanta cuando dicen que he metido un zasca».

Olivia fue víctima de “ciberbullying”: “Mis amigos me vieron llorando y le contestaron”

Los abuelos no están en casa, así que se descalza y prepara melocotones en almíbar y un vaso de Cola-Cao como merienda. Olivia se sienta a la mesa del comedor y antes de dar el primer bocado, utiliza el móvil como espejo. Se ve ojeras. Anoche a las tres de la madrugada subió un selfi en el que se tapaba la cara junto emoticono del grito de Munch: «Can’t sleep!» (¡No puedo dormir!).

«Estaba bajándome aplicaciones a saco», ríe. Uno de sus descubrimientos ha sido la app Chicisimo: «La gente sube looks y puedes buscar prendas de colores por tags (etiquetas). Si una mañana no sé cómo combinar, me ayuda a inspirarme». A Olivia le encanta la moda -hoy luce un pañuelo rojo atado al cuello que ha sido idea suya- y la Red es su principal herramienta. «Me gusta mucho mirar ropa en internet. Me guardo los links para cuando me regalan vales en Navidad o por mi cumpleaños».

Precisamente, quienes más dinero están invirtiendo en comprender a los post-millennials son las grandes marcas y multinacionales. Conseguir un retrato preciso se ha convertido en un desafío a contrarreloj, pues representan una cuarta parte de la población mundial y hay quien dice que para 2020 supondrán el 40% de los consumidores. Los más influyentes de la historia, para ser concretos: los niños Z tienen un peso inédito en las decisiones de compra de sus familias. Prefieren comprar por internet y eso los vuelve más exigentes.

Paradójicamente, Olivia suele salir con sus amigas por los centros comerciales de la avenida Diagonal. Cuando puede consumir es cuando se siente más adulta, pero para ella las tiendas terminan siendo ludotecas. Normalmente juntan todas las monedas para merendar en el Burger King y pasan la tarde probándose ropa, haciéndose selfis, probando las máquinas de fitness del Decathlon. Juegan hasta que les echan y si pueden, se compran algo barato.

Después de subir una foto de la merienda a instasnap (como llama a la aplicación Instagram Stories), Olivia cuenta que «en su vida lo tiene todo planeado». Quiere estudiar teatro musical en Broadway, que es «a-lu-ci-nan-te». Su objetivo es vivir de la actuación y «lo máximo», ganar un Oscar. No es ninguna fantasía: «Les pedí a mis padres que me apuntaran a inglés americano. Me lo tomo bastante en serio».

Al preguntarle por sus referentes, responde: «Barbra Streisand y Liza Minelli son divas. También Beyoncé y Lady Gaga. Aunque mi ídolo es Florence Nightingale, la descubrí haciendo un trabajo para el colegio. Me pareció increíble porque fue la primera mujer que pudo estudiar y ser médico. Las mujeres me han marcado bastante por la revolución feminista. Me gustan porque querían ser científicas y aviadoras, hicieron ¡pa!. Y se levantaron».

Con respuestas así, es fácil comprender por qué algunos sociólogos se rascan el cráneo ante una niña que no deja el móvil ni un segundo. Otro asunto es la presión de los cánones estéticos en una generación que se comunica con tantas imágenes (gifs, emojis, vídeos) como palabras.

Saben distinguir si un contenido merece la pena en ocho segundos. Serán el 40% de los consumidores en 2020

Guillem Sartorio

«Argh, odio tanto a esta niña», dice mientras muestra una foto de Instagram. «Las niñas delgadas de mi clase se miran al espejo y dicen: ‘Ay, qué gorda estoy’. ¡Si eres una rata anoréxica! Yo soy un poco más gordita que ellas y pienso: entonces soy obesa. Eso es lo que más odio: la falsedad y el victimismo. Lo hacen para que les digan piropos».

Los únicos momentos en que Olivia deja el móvil a un lado es en el colegio y en clase de canto: «Lo guardo en la mochila o en la taquilla para que no me lo roben, pero hay niños que lo llevan en el bolsillo porque les hace sentir más seguros. Tío, tranquilízate. Yo sin móvil podría vivir perfectamente una semana».

Olivia merienda en la mesa del comedor, pero hace los deberes en el suelo del dormitorio que comparte con su hermana y su madre. Se sienta entre el colchón y un mueble con las piernas cruzadas al estilo indio. Enciende el portátil. Entonces recibe una videollamada de Facetime: «Es Geri, mi mejor amigo. Siempre hemos sido los raritos», aclara. «De pequeños nos decían que éramos novios, pero nos la sudaba».

Cada día Geri y Olivia se reparten la mitad de los deberes porque tienen «un nivel de inteligencia similar». Trabajan por videollamada. «Eh Olivia, cotis, cotis». Desde la estantería, Geri confiesa que le cae mal una chica de clase: «Qué fuerte, ¡si no es nada borde!». Al minuto, Olivia le explica el enunciado de un ejercicio y él responde con una canción viral infalible: I play Pokemon go, every day…». Ella estalla de risa y se deja caer encima la cama. Los deberes empiezan a fusionarse con el juego, sólo que en vez de lanzarse bolas de papel chupado, reproducen canciones ridículas, actúan fingiendo caídas o se mandan cosas graciosas por WhatsApp. Ambos lo «aprueban todo».

Olivia y Geri no se abandonan en ningún momento. Cuando ella se dirige hacia la cocina en busca de una cinta métrica, se lo lleva consigo: de forma instintiva, estira el brazo como si fuera un palo de selfi y enfoca el móvil desde abajo hacia su rostro. Desaparecer, no contestar, sería tan desconsiderado como hacérselo a alguien que está en la habitación.

De pronto la madre de Geri entra en su cuarto y le mete una bronca. Olivia lo oye todo, se tapa la boca y le hace señas para que no conteste mal. «¡Tu madre tiene razón!», le chincha después. Enfurruñado, Geri sale a la calle a comprar un cartabón, aún en videollamada: «¡Mierda! ¡He olvidado cazar Pokemons!». Este par de amigos utiliza el móvil como una versión evolucionada de dos yogures unidos por un hilo: la tecnología les permite estar juntos a distancia, o ni siquiera a distancia, porque el smartphone va pegado al cuerpo.

Terminar los deberes con éxito significa poder tumbarse totalmente en la cama. Olivia se lleva el móvil al esternón. Es en este momento cuando el aparato y su mente se fusionan en un solo interfaz y la precisión de sus dedos se vuelve arácnida.

Durante más de una hora, Olivia sincroniza la visualización de vídeos (está suscrita a más de 200 canales de YouTube), utiliza la cámara para mirarse la papada, se pone una corona de flores con Snapchat, mira fotos del youtuber Jonan Wiergo -que es «guapísimo»-, y juega a contestar las preguntas de Response: «Jugarías a la ruleta rusa? Sí». Todo mientras la conversación con Geri continúa, por lo que a veces los sonidos se entrecruzan. «Geri, que te calles, ¡que quiero escuchar esto!». Hoy Dulceida, la vlogger favorita de Olivia, habla de la delgadez: «Peses lo que peses, eres bonita».

De la Generación Z se dice que no tienen capacidad de concentración, pero no es exactamente así: al crecer bajo un bombardeo de información constante, son capaces de discernir si un contenido merece la pena en ocho segundos. Es simple supervivencia. También pueden distribuir su atención en dos canales más que los millennials (móvil, televisión, portátil, ordenador de mesa y tableta).

Lo que para muchos resultaría agotador, para Olivia es mejor que aburrirse.

He aquí un cambio de hábitos de consecuencias impredecibles: los niños Zsiempre tienen la mente ocupada con algún estímulo. Ni dan patadas a piedras ni se entretienen trenzando pulseras de colores. Nunca se quedan mirando las musarañas.

«Las populares de mi clase cambian la foto y la frase de su perfil cada día». Olivia tiene 328 seguidores en Instagram y su frase es «Vintage Girl». Aunque no se considera una «viciada de los likes», cuida mucho sus fotos. Publica pocas y no son selfis al uso, sino que utiliza el autodisparador y posa. También cumple la norma que le imponen sus padres: nunca hablar con nadie que no conozca personalmente. «Tengo una media de 50 likes por foto, pero no espero que me contraten en Vogue». Lo que hace durante el día -«Mexican food!», «¿Qué le pasa hoy a mi pelo?»- Olivia lo cuenta en instasnaps y snaps, unos 10 al día en total.

Más que narcisista, Olivia controla su imagen en las redes. Para ella, vestir bien, ser auténtica y postearlo son formas de comunicar su identidad a distintos públicos. Existir en internet implica un trabajo constante, pero le gusta: «Con lo que más me entretengo es con YouTube y editando mis fotos». En su opinión, la gente que no tiene internet se está perdiendo cosas: «Hay muchos medios de expresión, no sólo redes sociales. Puedes hacer un contenido guay y que a la gente le mole». Esta es otro de los rasgos definitorios de su generación: más que compartir contenidos, prefieren crearlos. «¿Qué hacen los niños que no encuentran una información en la biblioteca? Me parece muy raro, yo lo busco todo en Wikipedia».

¿Quién puede decirle a esta niña que lo que vive con su móvil no es real y que el mundo está ahí fuera?

Guillem Sartorio

Olivia se levanta de la cama y decide comprobar si Cora, que vive a tres puertas de distancia, está en casa. Su amiga aparece con una sudadera enorme y unos shorts. Está triste porque su padre ha sorteado su iPhone viejo y le ha tocado a su hermano. «¡Tú te lo merecías más!», dice Olivia.

Otras tres niñas se unen al grupo. Roser reparte caramelos Smint y empiezan a trotar por el edificio, arrancando el papel de aluminio de los bocadillos y atizando enormes bocados.

-Últimamente no sé si me vibra el móvil o la barriga, porque me vibra cuando tengo hambre- dice Olivia.

-Ponte el volumen- sugiere Cora.

-Me da palo, porque me petan el WhatsApp. El ding, ding es súper estresante.

Hablan de chicos, de exámenes y de cosas graciosas. Para lo primero, se enseñan los mensajes que un niño ha escrito en un grupo de WhatsApp. Para lo tercero, juntan las cabezas como sea (tumbadas, subidas a maceteros) y miran vídeos en la plataforma Musical.ly. «¿Por qué se lo curra tanto la gente?», se queja Olivia.

La mayoría de las conversaciones del grupo de amigas giran en torno a experiencias que han vivido en la pantalla o que pueden mostrar gracias a ella. Da la impresión de que ellas son extensiones del móvil y no a la inversa, y que limitando su acceso online se quedarían sin poder salir a la calle con las demás. El móvil no es un entretenimiento pasajero, no interrumpe la vida, sino que está completamente fusionado con ella.

Olivia tiene que marcharse a buscar a su hermana pequeña, pero antes Cora le dice que tiene un regalo para ella: «Este fin de semana quedaré con mi novio, me ha dicho que lleve a una amiga y le he dicho que tú, pero sé normal, porfa». «¡Sísísísí! ¡Ojalá sea guapo y yo también me enamore! Dile que no traiga un cardo, que él es un poco cardo. Nooo, ¡es broma!».

Ya en la calle se oyen unos gritos lejanos. Las niñas saludan, diminutas, desde la azotea. Olivia agita la mano y confiesa que nunca ha tenido novio porque no es popular y porque la llaman borde: «Nunca me ha molestado estar sola. Si mis amigas deciden no ser mis amigas, no voy a deprimirme».

Cuando queda patente que Olivia es una chica con un temperamento y orgullo excepcionales, confiesa el que fue uno de los capítulos más dolorosos de su vida. «Todos se burlaban de mí porque no tenía Instagram y me creé una cuenta sin permiso de mis padres. Me acabaron pillando porque un chico me hizo ciberbullying». Fue un chico un año mayor que ella. Primero, le puso un comentario diciéndole que era tonta. Olivia lo borró y subió una foto de cuando era pequeña. «Uy, qué malota, pringada», insistió él. En una tercera imagen, le dijo que de mayor sería una drogada gorda y amargada. «Yo estaba en la escuela. Había días que no miraba Instagram para que mis padres no sospecharan. Mis compañeros me lo enseñaron y me puse a llorar».

La humillación pública le dolió como un empujón en el patio, pero sus amigos la defendieron. «Me vieron llorando y le contestaron, fueron muy buenos conmigo». Aunque su padre se enfadó mucho, Olivia pudo crearse otra cuenta de Instagram: nadie debería dejar de salir al patio sólo porque haya un abusón.

¿Quién puede decirle a esta niña de 13 años que lo que vive con su móvil no es real y que el mundo verdadero está ahí fuera? ¿Un comentario negativo en una foto no es nada comparado con el escarnio público?

Olivia vuelve a casa con su hermana de ocho años. A partir de esta semana, su madre llegará tarde a casa porque ha abierto otra tienda de libros que «tiene que funcionar como sea», de modo que ella será la encargada de hacer la cena. Los abuelos están en su cuarto y como no se encuentran bien, no se les molesta.

Olivia se enfunda el pijama, se recoge el pelo y pone agua a hervir. Preparará espaguetis con atún y tomate. Geri la llama por Facetime y ella lo coloca junto a la sal. «Mi madre confía en mí, me deja de encargada. En cambio mi padre es más sobreprotector. Lo quiero muchísimo, pero a veces le diría: ¡Déjame ser libre!». Mañana Olivia tiene que ir a dormir a casa de su padre y no le apetece demasiado porque allí no tiene a sus amigas y porque «son muy estrictos».

Las dos hermanas cenan solas y en silencio. Olivia, cansada, se embelesa con el móvil y le da la espalda a la pequeña, que se queda adormilada en la silla, fuera de juego. Justo cuando Olivia le propone hacer un snaps y resucita, Bárbara entra por la puerta y la reciben con besos y espaguetis.

Pocas horas después, llueve a cántaros y está oscuro. Bárbara conduce hacia el colegio pero en seguida entra en un atasco. Aunque sean «un equipo», como dijo Olivia, sus rostros reflejan el esfuerzo que supone madrugar y hacer lo que hay que hacer. Olivia ocupa el asiento de copiloto. Hace un instasnap de las gotas de lluvia cayendo por el cristal, seguramente pensando que hoy le espera un día distinto fuera de la pantalla, que hoy dormirá en otro lugar. Nada más subir el vídeo, se queda dormida. Al menos, en su vida móvil, el móvil es algo fijo.

Fidel Castro muere, el castrismo continúa

YOUSUF KARSH / CAMERA PRESS / CONTACTO

El líder de la Revolución cubana fallece en La Habana a los 90 años y el Gobierno anuncia nueve días de homenajes

Muere Fidel Castro

  • DANIEL LOZANO / ÁNGEL TOMÁS GONZÁLEZ
  • La Habana

Fidel Castro murió 10 años después de su primera ‘muerte’ dejando a la Humanidad una pregunta que para él ya estaba contestada, incluso antes de la gesta de Sierra Maestra: “Condenadme, no importa, la Historia me absolverá”, uno de los alegatos de más calado político del siglo XX, con el que planteó su defensa en el juicio del asalto al Cuartel Moncada en 1953. “Con profundo dolor” comunicó Raúl Castro el fallecimiento a las 22.29 horas del viernes del “Comandante en jefe de la Revolución cubana”.

Fidel Castro estuvo omnipresente en la vida de los cubanos desde que derrocara a Fulgencio Batista en el último día del año 1958. La cremación de sus restos dio inicio a los fastos funerarios, que se prolongarán hasta el domingo que viene con el entierro en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba. Una nueva “Caravana de la Libertad”, otro de los símbolos revolucionarios, recorrerá durante cuatro días los 861 kilómetros que separan La Habana de la ciudad oriental.

Mañana y pasado el homenaje correrá a cargo de los habaneros, que preparan un acto masivo para el martes noche en la Plaza de la Revolución. Como ya sucediera durante la celebración de su 90 cumpleaños, la Revolución tirará la casa por la ventana con el culto exacerbado a su líder, como si su futuro dependiera del tamaño del mito.

 

 
De Fidel a Raúl, una década de transición silenciosa

En una Revolución construida a base de símbolos falleció el principal, tras semana y media de un hermetismo apabullante y sólo una sospecha en el aire de La Habana. Su desaire al evitar al primer ministro canadiense Justin Trudeau, hijo de uno de sus grandes amigos políticos, escondía una nueva recaída. Pero tantas veces anunciada, en esta ocasión el rumor no voló más allá de una ligera inquietud.

Sólo un día antes sí había recibido al líder vietnamita Tran Dai Quang, quien le regaló un cuadro del guerrero Fidel. En la fotografía distribuida a los medios, ‘el Caballo’, como le llamaban en Cuba, observa al Fidel de la pintura, casi sorprendido, rebosante de vida con su famoso uniforme verde oliva y con medio siglo menos. Desde que estuviera entre la vida y la muerte en 2006 y tras abandonar la presidencia de la República, La Habana se convirtió en una especie de ‘Meca caribeña de las Ideas’, a la que líderes políticos y dirigentes de la izquierda mundial y latinoamericana han acudido para conversar con el gurú Castro.

El Fidel poliédrico convertido en el símbolo de las gestas revolucionarias, un mismo personaje histórico clave del siglo XX, dictador sin escrúpulos y héroe antiimperialista; reformador social y verdugo de libertades.

“Podemos decir que la Historia le absolvió, pero también podemos decir: ¡Fidel, Comandante; misión cumplida!”, clamó desde Caracas Nicolás Maduro, convencido de que su gran aliado “ha pasado a la inmortalidad”.

Las condolencias se repitieron por medio mundo, incluidos amigos, enemigos históricos y hasta los neutrales. Porque si algo manejó con astucia Fidel durante su medio siglo de mando férreo en la isla fueron sus alianzas contra natura, incluida la del General Francisco Franco. A su muerte en 1975, La Habana decretó tres días de duelo.

“¡Hasta la victoria siempre!”, gritó en su portada ‘Granma’, boletín oficial del Partido Comunista Cubano (PCC) que el propio Fidel manejó durante décadas, eligiendo unas noticias y censurando otras, entregado a sus primeras páginas como esos redactores jefes de toda la vida.

“Ha muerto Fidel Castro, que Dios le perdone, yo no”, exclamaron las Damas de Blanco a través de sus redes sociales. «No está, se fue, hemos sobrevivido a Fidel Castro… La Historia dirá la última palabra. Pero mis nietos no escucharán sus interminables discursos», destacó la bloguera Yoani Sánchez.

La disidencia cubana no tiene ninguna duda sobre el juicio histórico. “Será recordado como un fracaso: fracasaron todas sus ansias de conquistas en África y en América Latina. Hay que sumar (también) el desastre de transformar a Cuba en uno de los países más pobres del Hemisferio Occidental al querer implantar un régimen al estilo soviético”, protestó José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu). “Nadie en la historia de este país ocasionó tanto daño al pueblo”, añadió Antonio Rodiles, dirigente opositor de Todos Marchamos. Cuba vive una crisis tras otra, en esta ocasión afectada por la recesión económica de Venezuela y abatida por el éxodo constante de sus jóvenes.

El autócrata caribeño sumó 57 años en el poder, primero como presidente y después como líder en la sombra, con un peso político determinante sobre la Administración de su hermano. De aquí surge la gran paradoja: con la muerte de su hermano, Raúl puede dar rienda suelta a un mayor número de reformas que en muchas ocasiones su hermano frenó. Pero esto sucede cuando Barack Obama, coprotagonista del histórico deshielo entre Cuba y EEUU, ha iniciado la mudanza de la Casa Blanca para dejar paso a Donald Trump.

El magnate republicano anunció por Twitter la muerte del héroe de la Revolución: “Fidel Castro is dead!” [“Fidel Castro ha muerto”]. Obama, en cambio, insistió en las mismas claves que le acompañaron en su visita histórica de marzo a la mayor de las Antillas: “Extendemos nuestra mano amistosa al pueblo cubano”.

Enfrentamiento EEUU y Cuba

El enfrentamiento entre EEUU y Cuba se inició cuando Fidel decidió comenzar de cero en el momento en el que la Revolución cubana asumió el poder en el año 1959. Y fue lo que hizo. Castro, en la década de los años 60 del pasado siglo, redujo a cero el modelo de capitalismo que había regido en la isla durante 57 años con la meta de crear una sociedad nueva donde el dinero no fuera la principal meta de la vida. Se llamó la ‘Ofensiva Revolucionaria’ y consistió en que Fidel con un solo discurso, la noche del 13 de marzo de 1968, clausuró los 58.012 negocios privados que representaban el último reducto de la economía privada en la isla. Eran bares, diminutos comercios de barrios, y puestos ambulantes de vendedores de bocadillos, helados y cafés.

Un año antes, en 1967, Castro le había declarado al politólogo francés K.S. Karol que “es absolutamente necesario desmitificar el dinero, y no rehabilitarlo”.

El proceso de exterminar los nichos supervivientes del mercado local fue la medida aplicada con el propósito final de implantar una sociedad donde el dinero sería destronado de su protagonismo social y económico y sería sustituido por los valores morales. Por lo que el líder cubano, ante la muchedumbre que aplaudió en marzo de 1968 el linchamiento oral de la iniciativa privada, argumentó la muerte del mercado diciendo: “¿Vamos a construir el socialismo o vamos a construir puestos de venta al aire libre? No hicimos aquí una Revolución para establecer el derecho a comerciar. Esta revolución tuvo lugar en 1789 y aquella fue la era de la revolución burguesa, de los comerciantes, de los burgueses.

Esa noche se inició el tránsito hacia una sociedad apartada de la ley del mercado y los valores sociales de la burguesía a la puesta en práctica del ‘fidelismo’. El pilar de su doctrina era que la sociedad cubana asumiera el rol protagónico de valores éticos con el fin de crear un “hombre nuevo” liberado de la meta de las posesiones de bienes materiales como símbolo del éxito personal.

El ‘Che’ Guevara fue el teólogo revolucionario del ‘fidelismo’ y quien, acuñó el concepto del “hombre nuevo”. Con su temprana muerte guerrillera en el año 1967, Castro no sólo perdió a su teórico principal sino también a un significativo líder espiritual de la sociedad revolucionaria cubana. Ambos, además, compartían el objetivo idealista de que se podía llegar a abolir algún día el dinero como incentivo material y valor de cambio. Pero como raras veces la realidad obedece a la teoría, el “hombre nuevo” se estrelló contra “el hombre viejo” y el propio Castro en el año 1993, forzado por la crisis económica que padecía la isla, tuvo que restituir el mandato del dinero con la medida de despenalizar la tenencia y circulación del dólar, la moneda del enemigo.

Castro tenía auténtica devoción por el discurso oral y se apoderaba de la audiencia. Un público que dentro y fuera de la isla recibió con zozobra la noticia de su muerte, aunque la Revolución se preparó durante una década para este momento. Incluso el propio Fidel aprovechó el Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) en abril para despedirse de los suyos: “Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala”.

Uno de los grandes protagonistas de la Crisis de los Misiles de 1963 anunció ese día: “Pronto deberé cumplir 90 años. Nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos llegará nuestro turno”. Un turno que no llegaba, protegido por los orishas, según los santeros locales. Durante décadas, pareció inmortal. Ni la CIA, ni la mafia de Chicago, ni los antirrevolucionarios pudieron con él, pese a las 634 operaciones, conspiraciones fallidas o magnicidios abortados que tanta envidia dieron a su gran amigo venezolano Hugo Chávez. Trajes de buzo contaminados, helados envenenados, bombardeo en las playas, puros habanos intoxicados, incluso granadas en vez de pelotas de béisbol construyeron una realidad que parecía ciencia ficción.

La poderosa imagen de Fidel Castro acompañó a los cubanos durante cuatro décadas y media, hasta que lastrado por la edad y debilitado por el “accidente de salud”, forzó la sucesión en su hermano pequeño. Raúl, en cambio, ya ha anunciado lo que nunca hizo Fidel: dejará el poder en 2018.

“El gran problema que enfrenta ahora el castrismo es el tiempo”, asegura el disidente Rodiles. La sucesión está abierta dentro de un régimen que mantiene el control de una sociedad que hace tiempo decidió escapar. Entre los aspirantes, en primera línea, un heredero de la familia: Alejandro Castro Espín, militar todopoderoso que sólo aparece en los momentos trascendentales, ya sea en la visita del presidente estadounidense como en las negociaciones con el ruso Vladimir Putin. El escritor cubano Norberto Fuentes, cercano a la familia Castro antes de exiliarse a Miami con la ayuda de Gabriel García Márquez, narró cómo el propio Fidel entrenaba a diario al primogénito de Raúl.

Y mientras tanto, un país cansado de esperar tiempos mejores. “El pueblo nuevamente se crecerá frente a las dificultades, sin el menor atisbo de derrotismo y plena confianza en su Revolución”, alentó este verano el General de Ejército, como llaman a Raúl en los medios oficiales. El mismo que liberó de grilletes orwellianos a los cubanos, autorizando el libre acceso a los hoteles, permitiendo la compra de teléfonos móviles, la compraventa de coches y casas y, sobre todo, abriendo una ventana más amplia a la iniciativa privada. Pero el mismo presidente que sigue asfixiando a sus detractores y que no ha podido impedir que el país se enfrente a una nueva recesión económica.

El último SMS de Rita Barberá y sus 37 horas en la habitación 315

Las 37 últimas horas de la ex alcaldesa de Valencia: una tortilla, dos napolitanas, ninguna visita…

Y el mensaje que envió horas antes del infarto. Avisaba de una nueva carta de amenazas

 

Lunes 21 de noviembre. El reloj marcaba la una de la tarde cuando Rita Barberá entraba por la puerta acristalada del hotel Villa Real acompañada de su sobrina. Era la decimoséptima vez que se hospedaba en este establecimiento madrileño de cinco estrellas. Tenía el rostro demacrado. La mirada abatida. Había salido exhausta de su declaración ante el fiscal Conde-Pumpido. Esperó durante unos minutos en uno de los sofás de su reluciente lobby. Un espacio decorado con esculturas decapitadas y mosaicos romanos. Su sobrina había subido a su habitación a recoger su maleta porque tenía que regresar a Valencia. Dejaba a su tía sola en la capital. La joven, de cabello rubio, se acercó a recepción para pagar su propia cuenta y un empleado le comentó que ya se lo cargarían a “la señora Rita”. Ésta siempre había sido muy generosa con sus más allegados y no tenía problemas en tirar de su VISA, la tarjeta con la que efectuaba todos sus pagos.

Tía y sobrina se fueron a comer a un restaurante aledaño y se despidieron en la puerta de un taxi que no estaba pilotado por Paco, el conductor de confianza de Barberá en la ciudad del Turia. El primero que depositaría un ramo de flores en el portal de su casa dos días después.

Tras el almuerzo con su sobrina, Rita regresó al hotel a las seis de la tarde y no saludó al personal de recepción como acostumbraba. Subió en el ascensor a la tercera planta y llegó a través de un suelo de mármol a la habitación 315, la última del pasillo. Una estancia custodiada por un jarrón de plantas secas y con privilegiadas vistas a la plaza de las Cortes. Siempre pedía una ventana al exterior. Se relajaba mirando al cielo. Igual que solía hacer en su piso de alquiler en Valencia hasta que los fotógrafos la cazaron agazapada detrás de unas cortinas y la convirtieron en carne de meme.

 

Desde que entrase en la habitación 315, la ex alcaldesa de Valencia no la abandonaría, en una cuenta atrás de 37 horas que terminaron con una parada cardíaca de muerte. Entre medias, algo de comida, un desayuno frugal a la mañana siguiente y ninguna visita hasta la llegada de su hermana y su sobrino el martes. Así transcurrieron las 37 últimas horas de la mujer que gobernó durante 24 años la tercera ciudad más grande de España.

Su penúltimo pedido de roomservice fue una copa de whisky JB y una tortilla de patatas a las 21:30 del lunes, según aseguran en el hotel. Una factura de 13,60 euros que jamás pudo abonar. Era su particular menú para sobrellevar en la soledad de su habitación de 25 metros cuadrados un día amargo. Pesadillesco. El de su temida declaración ante el Tribunal Supremo por un presunto delito de blanqueo de capitales. La que fuera alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, se veía sentada en el banquillo. Demasiado trance para una persona de 68 años que llevaba más de un año padeciendo una situación explosiva: “Una cacería mediática, el vacío de su partido y varias amenazas de muerte que le habían provocado una depresión y agravado sus problemas de hipertensión”, según una persona de su entorno. Amenazas como el haber recibido en menos de dos años dos sobres con balas del calibre nueve milímetros parabellum. El último, el pasado mes de julio. O como la más reciente. La que puso en conocimiento de un alto cargo de Interior a través de un SMS horas antes de morir tumbada junto a su hermana. Con un camisón y en un lecho de muerte de colchón blando y de 1,50. En la habitación 315. El búnker donde se parapetó antes de que su corazón dejase de latir. Sin avisar a nadie.

Barberá había llegado a Madrid en AVE el domingo anterior. Llegó al hotel a las nueve y media de la noche. No cenó nada. Su secretaria había llamado un mes antes al Villa Real para reservar una habitación superior del domingo 20 de noviembre al jueves 24 a razón de 100 euros más IVA la noche, precio especial para senadores y diputados. Siempre reservaba dos noches, pero en esta ocasión pidió cuatro. “Es que tiene una boda”, se excusó su persona de confianza sin aclarar que el motivo era su cita judicial.

Barberá era asidua a este hotel desde que comenzase su etapa en la Cámara Alta hace un año. Y siempre que estaba lleno y le ofrecían como alternativa el hotel Urban, de la misma cadena y de mayor calidad, se negaba a cambiar de alojamiento y la dirección del establecimiento se veía obligada a mover a algún cliente. ¿La razón? Era más caro. No es que Rita no pudiese permitirse un hotel de 250 euros la noche con los 1.823 euros al mes que cobraba de dietas por ser senadora. Es que Rita estaba obsesionada con cada céntimo de euro desde que Compromís sacase a la luz, en plena disputa por la alcaldía valenciana, 17 facturas de hasta 650 euros por noche en suites de hoteles de cinco estrellas como el Palace. No quería que la siguiesen acusando de vivir a cuerpo de reina a costa del erario público. Vivía preocupada por el qué dirán y dejó de frecuentar exclusivos restaurantes en Valencia como el Canyar. En Madrid decidió llevar también una vida austera para lo que había acostumbrado hasta la fecha. Fue cuando su mejor amigo en la política, el senador valenciano Pedro Agramunt, le recomendó que se alojase en su hotel de confianza, el Villa Real. Rita sólo había pernoctado allí una vez antes de jurar su cargo como senadora. El 1 de agosto de 2013, cuando se desplazó hasta Madrid para apoyar desde el Congreso a Mariano Rajoy en una de sus comparecencias más ásperas. Aquella en la que reconoció que se había “equivocado al confiar” en Luis Bárcenas.

Rita apenas se dejaba ver por los lugares comunes del Villa Real. No iba a su lujoso restaurante East 47, sino que prefería almorzar en el comedor del Senado junto al resto de senadores levantinos (otros muchos le negaban el saludo) con una bandera de la Comunidad Valenciana, o en la asequible Taberna Cascajares, cerca de la Cámara Alta. Para cenar siempre recurría al servicio de habitaciones, aunque sin ser demasiado propensa a las propinas. El minibar ni lo tocaba. Como tampoco lo hizo en la noche de aquel lunes.

Eran las nueve y diez de la noche y Rita descolgaba el teléfono de su habitación para pedir su whisky y la ración de tortilla. No lo acompañó de su habitual tomate pelado con atún, su plato favorito. Con tanto disgusto, su apetito disminuyó enormemente y en los últimos meses perdió varios kilos. Aquella sería su última cena. Mientras llegaba la comida, la ex alcaldesa intercambió algunos SMS (no usaba Whatsapp) y llamadas con personas como su hermana Totón, Agramunt y con el ex ministro José Manuel García-Margallo. “Me dijo que estaba tranquila, que sabía que iba a quedar en nada. No me imaginé que estuviese tan mal”, dice una de estas personas. A Rita le habían ofrecido Agramunt y Margallo cenar esa misma noche, pero la ex regidora les emplazó a la noche del martes.

Varios periodistas también le habían llamado para conocer su versión del trance judicial, pero no obtuvieron respuesta. Y eso que a Barberá, como periodista que era, le gustaba compartir sus impresiones con profesionales de su confianza. “No me sorprendió que no me respondiese porque ella era de ver la llamada y llamarte al cabo de los días”, señala una veterana periodista.

Barberá se acostó temprano aquel lunes. Estaba rota. El día de su declaración se había despertado a las cinco de la mañana de tanta tensión y había pedido un café con leche y un cruasán. Pedido que repitió en la mañana del martes pero a las diez de la mañana. “Su voz estaba bajita y temblorosa”, recuerda un miembro del staff del hotel, que reconoce que no pudieron atender todas sus exigencias culinarias. “Como no quedaban cruasanes, le subimos dos napolitanas”, relata.

La ex regidora valenciana decidió no acudir al pleno del Senado y justificó su ausencia por una indisposición. No advirtió al hotel de su mal estado de salud, pero sí a su hermana María José, que no tardó en viajar a la capital junto a su hijo y sobrino de Barberá. A media tarde, Rita ya había dejado de responder al teléfono. En él tenía varias llamadas perdidas de Agramunt y Margallo, que habían quedado a cenar con ella esa noche. Y como último mensaje enviado desde su Iphone figuraba un SMS donde avisaba a un alto cargo de Interior de la última amenaza que había recibido (el texto literal se puede leer arriba).

Cuando sus familiares llegaron a la habitación se la encontraron débil. Trataron de convencerla para regresar a Valencia. Hablaron con la recepción del hotel para que les facilitase una silla de ruedas para transportarla, pero Barberá prefirió mantenerse en la cama. Su hermana y su sobrino intentaron reservar una habitación en el mismo hotel, pero no quedaba ninguna libre. Así que María José decidió dormir con su hermana en la misma cama y su hijo se marchó a un hotel cercano.

La senadora no cenaría nada y las luces de la 315 se apagaron temprano. La senadora no volvió a hablar, pero su respiración fue dificultosa durante toda la noche, según relató su hermana. Ésta no pegó ojo, pero no fue hasta las siete de la mañana cuando llamó a su hijo para advertirle que Rita estaba inconsciente y no respiraba. El corazón de la ex alcaldesa había dejado de latir 15 minutos antes. Su sobrino puso rumbo al hotel y llamó al Summa. Entró en el lobby avisando a la recepción de que venía una ambulancia porque “doña Rita” se encontraba “muy grave”. El joven, mientras llegaba el personal sanitario, trató de reanimarla con un boca a boca y presionándole el pecho. La escena fue de gran tensión. Su madre trataba refrescarle la frente con una toalla húmeda. Pasadas las siete y veinte de la mañana, un equipo del 112 subió a la habitación y se encontró a la hermana de Rita llorando y nerviosa junto al cuerpo. Les pidieron que abandonasen la estancia tanto a ella como a su sobrino. Le preguntaron si tenía problemas cardiorrespiratorios y la hermana aseguró que tenía problemas de hipertensión y que se tomaba pastillas contra el estrés. Más tarde, Margallo revelaría que se medicaba con antidepresivos. Habrá que esperar unos días para conocer los resultados del exámen toxicológico, según fuentes judiciales.

Los facultativos del Summa trataron de reanimarla sin suerte durante 30 minutos y la autopsia confirmó horas después la parada cardíaca como causa de la muerte. Eran las ocho de la mañana y allí se presentó la Policía Nacional. Un agente exclamó: “Es Rita Barberá, joder la que se va a liar”. La noticia llegó a oídos del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, que se personó rápidamente en el hall del hotel. Tuvo que esperar un momento a que la hermana de Rita autorizase su entrada en la habitación. Ella y su hijo lloraban de impotencia. “La hermana nos pidió que no subiesen ni políticos, ni nada. Sólo familiares”, comenta un empleado del Villa Real. Mientras tanto y ajeno al revuelo, el diputado catalán de Podemos, Xavier Domenech, contemplaba todo el alboroto en la puerta del hotel desde una cafetería aledaña sin saber que allí había muerto un cargo electo por el que su partido se negaría a guardar un minuto de silencio esa mañana. Una persona a la que un compañero de su partido quería “quemar” en la hoguera para “dar calor a familias sin recursos”.

Minutos después de la llegada de Zoido, apareció en la habitación la ministra de Defensa y secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, quien había sido siempre una firme defensora de Rita Barberá. Incluso había sugerido que a su compañera de partido no dejarían de atacarla hasta que le provocasen un infarto al corazón. Maldita premonición. Cospedal siempre había sido en el PP su principal apoyo junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que desde la sombra siempre le había respaldado. Minutos antes de su declaración ante el Supremo telefoneó a la ex alcaldesa de Valencia. “Ella no estaba enfadada ni con Rajoy ni con Cospedal, sino con los nuevos como Maroto que fueron injustos con ella, o con la presidenta del PP de la Comunidad Valenciana, Isabel Bonig, que no sería nada ahora de no ser por Barberá”, afirma un allegado.

El juez llegó a las nueve de la mañana y certificó la muerte. También estuvo en la habitación el inspector jefe de Homicidios de la Policía Nacional, pero esa posibilidad fue rápidamente descartada. El personal del hotel puso todo en marcha para que el cuerpo de Barberá fuese sacado por el párking, pero los agentes de Policía decidieron que saliese por una puerta que estaba atestada de reporteros gráficos. “No entendemos por qué no le sacaron por el aparcamiento como les propusimos. Habría evitado que le fotografiasen saliendo del hotel en camilla muerta y envuelta en una sábana blanca”, asegura un empleado.

El coche fúnebre salió del hotel cerca de las 11 de la madrugada y los agentes no precintaron la habitación. Es más, esa noche la 315 fue ocupada por otro cliente. La había reservado una noche antes de que muriese Barberá aprovechando que su hermana María José la había anulado consciente de que marcharían a Valencia un día antes. Lo que no imaginó es que su querida Rita lo hiciese en un vehículo funerario y sin pagar una factura de 383 euros. El precio de su última estancia en el Villa Real, hotel donde un año antes había fallecido un fan extranjero del Real Madrid en similares circunstancias.

CRÓNICA

Crónica de una desaparición

Así nació la noticia de la desaparición de Martina. ¿Su caso debería ser la excepción o la norma?

 

Una patrulla de la Guardia Urbana con la foto de Martina, distribuida por los Mossos.
Una patrulla de la Guardia Urbana con la foto de Martina, distribuida por los Mossos. Joan Sánchez

El primer mensaje es de mi jefa, que también vive enganchada al móvil:

— Enviado en un whats de madres: ha desaparecido una menor de 16 años. No sé si es verdad.

 

Al poco le dicen que se habría ido voluntariamente. Si es así, le explico, la encontrarán pronto. En la mayoría de las denuncias por desaparición (3.553 casos al año en Cataluña) la persona vuelve como mucho en cuatro días (75 %). Son las 21.42. Le propongo que dejemos pasar un tiempo prudencial para ver si regresa a casa, que sería lo lógico. Seguimos chateando un poco más y ambas nos quedamos conformes con el pacto: si Martina no aparece esa noche, lo miramos.

No han pasado ni 10 minutos, que mi móvil vuelve a sonar.

— Me acaban de pasar esto: Martina Alemany, de 16 años. Desaparecida hoy en Barcelona.

En este caso es un amigo que vive en Madrid. Casi a la vez, otra persona de mi círculo vital, que nada tiene que ver con las dos anteriores, también me escribe sobre la desaparición de Martina.

Empiezo a preocuparme y hago algunas gestiones. Demasiadas vías distintas con el mismo mensaje. Todos tenemos muy presente a Diana Quer, en Galicia. Confirmo que Martina ha desaparecido (en ocasiones son bulos) y parece que es voluntario. Escribo a mi jefa contándoselo. A las 22.05, nos reafirmamos en dejarlo para el día siguiente. Paralelamente, busco en Twitter y encuentro un mensaje del tío de la menor de las 21.36 que pide ayuda. Lo retuiteo.

En una redacción se trabaja, se pierde el tiempo, se discute, se ríe, se llora… Incluso se hacen otras cosas que dicen recordar los que ya tienen más de 50. Yo de eso no sé nada, pero está claro que todos nos conocemos, en algunos casos más de lo que nos gustaría. Intuyo que mi jefa no se va a quedar tranquila sabiendo que una cría está desaparecida y que su familia pide ayuda para encontrarla… A las 23.02 vuelve a la carga: no parece que la hayan encontrado, me dice. Debatimos y acordamos por tercera vez dejarlo para mañana.

Cinco minutos después, los Mossos publican este tuit: “Estamos haciendo gestiones de investigación para localizar a Martina Alemany Casas después de que sus padres han denunciado hoy la desaparición”. Lo miro de reojo. Y miro de reojo también el móvil. No falla, a las 23.47 suena de nuevo. Mi jefa también ha visto el tuit:

— Hemos pensado que hay que dar algo. ¿Estás de acuerdo?

Convenimos redactar una pieza breve, sin demasiados detalles, con la foto de la menor. La prioridad es ayudar a la búsqueda. A las 00.10 publicamos la información, con falta de ortografía incluida, que caza mi omnipresente jefa virtual y me lo comunica.

Así nace la noticia de la desaparición de Martina.

Al día siguiente (¡8.34!), con la menor aún desaparecida, mi Whatsapp vuelve a vibrar: “Prioridad total para cualquier novedad relevante”. Las radios ya abren con el caso. Y la televisión también se lanza al ruedo: la madre de la menor explica en TV3 que han encontrado una carta de su hija en el buzón, y da otros detalles personales. Recogemos el hallazgo de la carta y omitimos el resto. A la vez, Mossos convoca una rueda de prensa.

“¿Qué tiene este caso distinto del resto? Nada”, afirma el intendente portavoz de la policía catalana, Xavier Porcuna, que cuenta que se denuncia la desaparición de cuatro menores al día en Cataluña. El 99,9 % aparece. Pero todos sabemos que sí es diferente. La capacidad de la familia para moverlo en las redes sociales y llevarlo a los medios ha convertido la desaparición voluntaria de una adolescente de 16 años en el tema del día

En el ascensor, entrando a la redacción, una compañera me pregunta por la última hora del caso. También me llama un amigo de Tarragona. Hasta el becario estrella, enredado en mil temas, tiene un minuto para interesarse. Todos quieren saber qué pasa con Martina. La noticia es de las más vistas en la web.

A veces me gusta soñar que soy europea y que llego a casa a las siete de la tarde. Ese martes lo hago. Tecleo rápido la edición en papel. Casi he acabado. Rozo la libertad con la punta de los dedos, hasta que a las 19.36 veo un tuit de Mossos: “Localizada en San Sebastián Martina Alemany Casas en buen estado de salud. ¡¡¡Gracias Ertzaintza!!!”. Las redes y los medios han servido para que una mujer reconozca a Martina en un centro comercial y avise.

Ahora la familia, que acudió a las redes y los medios, pide que se borre la fotografía de la cría. Algo un tanto inútil: solo el tuit de su tío tuvo más de 6.000 retuits, y el post de su madre en Facebook se compartió más de 50.000 veces, sin contar los miles de chats de Whatsapp en los que se distribuyó el mensaje de su desaparición con la imagen. También hay lamentos por el “circo” mediático, la vulneración de derechos y el trato preferencial del caso respecto a otras desapariciones.

¿Debería ser Martina una excepción o la norma? ¿Debemos crear un protocolo para sistematizar cómo tratar las desapariciones? ¿Deben crearlo también los Mossos? Dice el periodista Martin Caparrós que hay que escribir contra el público. ¿Hay que hacerlo también contra una familia que pide auxilio?